"Éstos son los Meninos da Graça. Les llaman niños por afecto, pues estos gigantones sentados en lo alto de las pilastras infundirían temor si no estuvieran tan altos.
Esta iglesia de Nossa Senhora da Graça la vio el viajero, tiempo atrás, convertida en ruinas, con un suelo de tierra revuelta por donde surgían losas de canto y puntas de huesos. Ahora, tras la reconstrucción, esta hecha un primor, bien colocadas las piedras, lanzados los huesos a la basura, limpio y ordenado todo lo demás. El viajero la encuentra mejor así, pero no olvida la imagen primera.
Iguales están, sí, los gigantes, que podían haber sido esbozados por Miguel Ángel, y los bellos rosetones, que resistieron los ultrajes del tiempo.
Para el viajero, esta iglesia, por ser tan diferente de lo común de las construcciones religiosas de su época, aparece con cierto aire enigmático, como si los cultos que allá dentro se celebran tuvieran más que ver con desvíos paganos que con la ortodoxia."
José Saramago. Viaje a Portugal.
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