A san Fermín pedimos...

17.07.2013 00:00

Los encierros de Pamplona transcurren entre dos cohetes que alertan de la presencia de los toros en las calles. Antes del primero, los mozos piden la protección de san Fermín entonando una salmodia mientras agitan los periódicos enrollados que serán su única defensa durante la carrera. Cantan en las dos lenguas que conviven en una ciudad acostumbrada a entenderse con los miles de turistas que llegan atraídos por la Fiesta.

El segundo chupinazo indica que los toros están a buen recaudo en los corrales de la plaza y el encierro ha terminado. Entonces, los corredores avisan a su gente de cómo les ha ido, se comentan los lances más destacados y unos continúan la juerga mientras otros se retiran a recuperar fuerzas

Si todo va bien, la manada tarda un par de minutos en completar los 900 metros del recorrido, por lo que no debe pasar mucho más tiempo entre el estallido de los dos cohetes. Todo retraso es una señal de alarma y levanta murmullos de preocupación en los espectadores, pues suele deberse a que algún toro se ha separado del grupo o a una montonera de corredores que impide el paso de los animales.

"La muchedumbre que corría delante de los toros era tal que tuvo que comprimirse y aminorar la marcha al avanzar por entre las empalizadas que llevaban hasta el ruedo; y cuando los toros pasaron galopando en manada, pesados, con los flancos llenos de barro y balanceando los cuernos, uno de ellos salió disparado hacia delante, cogió por la espalda a uno de los que corrían y lo levantó por los aires."

"Fiesta", Ernest Hemingway. 

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